Preparando mi vuelta…

He vuelto para no quedarme.

Hace poco más de seis meses que tomé la decisión de no arriesgar y volver a mi ciudad natal con la esperanza de volver algún día a un país que me acogió desde el primer día. Este 2016 tenía que ser el año de mi estabilidad coreana pero ha resultado ser una pausa en el camino, un periodo de reorganización y nueva adaptación a un entorno que tenía que resultarme familiar por los muchos años vividos allí.

Pero no ha sido como uno esperaba. Volver después de prácticamente dos años me ha hecho ver muchas cosas, pero sobretodo me ha demostrado que el tiempo pasa y muchas veces lo hace a peor. No os diré que recuerdo como estaba mi ciudad antes de marcharme a Seúl, porque no es verdad. Lo que si sé es lo que me he encontrado al volver.

Barcelona. Esa gran ciudad de Gaudí, la plaza España, las Ramblas, las cafeterías charlando con buenos amigos mientras uno toma un chocolate caliente, no existe. Esa gran ciudad que recuerdo con alegría e ilusión por ser “una ciudad de pueblo” si se me permite la expresión ha dado lugar a una ciudad de gente chillando, suciedad creada por algunos turistas, gente realizando actos sexuales en la primera esquina que se encuentren con poca luz… ¿Qué ha ocurrido? ¿Tan rápido avanza todo que en dos años ya es posible que no sienta Barcelona como mi ciudad?

A nivel laboral la cosa tampoco mejora mucho. Los clientes cada vez gastan menos pero exigen más y se ha llegado a un punto en el que el dinero parece estar por encima de todos los valores. No importa si un cliente te insulta, siempre que deje mucho dinero en la tienda.

Es cierto que Corea no es el paraíso y que tiene muchas cosas que considero incorrectas pero aún así, ya sea por respeto a la persona de delante o por un simple “no es de mi incumbencia lo que haga el de delante” en un alarde de individualismo extremo, es un lugar en el que me siento cómodo. Al final todo el mundo busca un lugar en el que sentirse bien ¿verdad?. Para mí ese lugar es Corea.

Busu

2-3

Anuncios