Tiempo de geishas…

¡Ya hemos llegado a Kyoto!

Ha costado entendernos con la máquina de sacar los billetes pero finalmente hemos llegado a Kyoto (de hecho llegamos ayer, pero llegué tan cansado que no tuve tiempo ni de escribir y actualizar el blog, jajaja). El viaje en tren en Japón no es que sea demasiado barato con lo que (nota mental para la próxima vez) lo mejor es comprarse lo que se llama “Japan Railpass” y de este modo aunque pagas una cantidad importante, no tienes que preocuparte por los billetes de tren ya que te viene todo el transporte en tren (si no me equivoco son los trenes de gama baja, pero igualmente te sale a cuenta) incluido. La llegada a Kyoto ha tenido un poco de todo. Hemos empezado con buen pie ya que ayer solo vimos solecito y la primera impresión fue increíble (además el alojamiento lo tenemos al lado de la estación de autobuses, con lo que mejor). Pero hoy nos han pillado los monzones mientras visitábamos algunos templos y la zona de Gyon.

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Detalles encontrados en diferentes templos en Fushimi Inari, en el barrio de Gyon.

Si algo me ha impactado de Kyoto es que no hemos visto prácticamente turistas occidentales en los templos turísticos (aunque sí mucho turista chino y coreano) con lo que me sorprende por el mucho interés que hay en Europa por el tema del manga y demás, aunque pensándolo mejor, quizás culpa de eso sea lo mucho que cuesta el billete de avión…

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A la izquierda, interior de uno de los templos en Fushimi Inari. A la derecha, Kyomizu-Dera.

También es muy interesante el tema del autobús porque hay dos tipos de billete. Está la tarifa estándar para viajar por dentro de cierto recinto en Kyoto y que es lo mismo siempre que no pases la zona marcada, y luego hay a partir de la zona marcada en la que pagas por número de paradas y no pagas por tipo de billete. Me explico, tu entras en un autobús y allí coges un ticket que es tu billete. Si vas a alguna parada dentro de la zona “Kyoto” entonces el precio es el estándar (da igual sea una parada o sean diez), pero si resulta que vas a ir fuera de la zona delimitada entonces vas pagando por cada parada que vas haciendo de más. Es todo un poco lio, lo mejor será que vayáis a Kyoto y lo comprobéis vosotros mismos, jajajaja. ¡Ah sí! ¡Me olvidaba!. El billete lo pagas a la salida según la parada que bajes (si bajas dentro del límite pagas tarifa estándar, si bajas una parada más será tarifa estándar más el precio de una parada desde el límite, si bajas dos paradas después del límite será tarifa estándar más el precio de dos paradas desde el límite y así succesivamente).

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Estatua de piedra del templo de Ryozen (arriba).
Detalle de chicas en los jardines de Heian-Jingu (abajo).

Por la mañana hemos estado de templos y me ha sorprendido una cosa, en algunos templos no existe una figura de ningún tipo, no hay un buda o un dios (o como se quiera llamar) al que pedirle las plegarias o rezarle, simplemente hay un espejo en el que te ves reflejado. Según me comentó Fumina eso es debido a dos razones. La primera es porque no se conoce a qué dios sintoísta o budista está dedicado el templo, con lo que ante la ausencia de una estatua que determine quién es el dios predominante, y antes que dejar vacío el altar, sitúan un espejo. La otra razón es el por qué de un espejo. Es muy fácil. Si no hay un dios, nosotros mismos somos los dueños de nuestros actos. De este modo, con el espejo, se consigue que uno mismo se vea reflejado como que es el dios y consecuente con sus actos. Mi opinión (si se me permite la broma) es que “no sabemos a quién va dedicado el templo y como queda feo poner una hoja de papel con una cara pintada pues ponemos un espejo y así la persona que se mire se verá como un Dios”. Ya sé que no es así, pero puede que haya quedado algo más claro… jajaja. De todos modos, seguiré investigando porque me parece muy interesante.

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“Cochero” a la espera de que mejore el tiempo. Las lluvias torrenciales duraban 10 minutos y luego se daban un descanso de 5 minutos. Lo justo para ir al siguiente templo a resguardarnos (izquierda). A la derecha, imagen de un espejo en un templo budista.

Finalmente, ya con el atardecer encima hemos ido por la “zona roja” de Kyoto y por el barrio de Gyon y entre restaurantes y geishas se nos ha hecho de noche y hemos tenido que volver al hotel en el que hemos estado alojados. Hoy, entre monzones y geishas, el día ha resultado, simple y llanamente, espectacular.

¡Nos vemos mañana!

Busu 部苏

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Esta entrada fue publicada en kyoto.

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