Un lugar de relax…

Tomemos un día cualquiera como ejemplo. Uno se despierta y hace todo por inercia sin preocuparse lo que le deparará ese día que amanece. Es temprano, incluso alguno podría decir que el Sol tarda en aparecer porque no le ha sonado el despertador, sin embargo, yo estoy despierto con ganas de volver a empaparme de un nuevo día. Es nuestro último día en Shanghái antes de añadir otra baldosa en nuestro camino. Y pese a ser el último día en la gran urbe no estaré mucho tiempo en esta ciudad de la luz. Al contrario decido ir a un sitio para descansar de tanto tráfico de gente y de tiendas y de ruido. Alejarse un poco de todo lo que rodean ciudades tan importantes como Beijing o Shanghái. El sitio elegido es: Zhujiajiao (朱家角).

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No se trata de una ciudad, pero tampoco un pueblo, sino una mezcla entre ambos. No podía haber escogido una mejor zona para la desconexión. La llaman “la Venecia de Shanghái” con todo merecimiento. Y para llegar tenemos que ir a nuestro punto de partida: el Parque del Pueblo, un lugar en el que los domingos se puede encontrar a padres y madres que ponen hojas de papel en las paredes de los túneles del parque con los datos (foto y salario incluidos) de sus hijos e hijas para ver si pueden encontrarles pareja. Algo bastante curioso.

IMG_5003 IMG_5005Después de coger un autobús en dicho parque y de dos horas de trayecto aproximado llegamos a una zona en la que todo son casas blancas (al más puro estilo del sur de España) y tiendas de productos tradicionales. ¡Ah, amigos! ¿Se trata de la verdadera China? Nunca dejará de sorprenderme este país. Cuando creía haber visto zonas muy tradicionales, aparecen zonas más tradicionales aún si cabe. Un poco de aire fresco dentro del asfixiante centro neurálgico que supone Shanghái. Un conjunto de ríos que se cruzan entre sí dejan la sensación de estar andando a través de pequeñas islas conectadas todas por puentes.

IMG_5036 IMG_4990Si hay algo que realmente me sorprendió mucho de este lugar es la enorme cantidad de olores y sensaciones que se mezclan entre sí. A veces el olor a pescado fresco puede encontrarse junto con el suave aroma de las especies picantes, o incluso con el de la carne asada. Se pueden encontrar patos, pollos o incluso muslos de ternera colgados solo con un gancho y dejados a la intemperie. Entre todo este conjunto de sensaciones hay uno que denota calma y tranquilidad: las góndolas que te llevan por los ríos y que mantienen un orden de dirección pese a la enorme cantidad de ellas que surcan el agua. Decidido a comer algo al mediodía, busco entre los muchos restaurantes que hay. Un pequeño apunte, amigos míos. Sabed que en caso de pedir una carta o menú en inglés el precio del plato es incluso a veces el doble que si pidierais la carta en chino. Cosas del “merchandising” supongo…

Una vez terminado, emprendo mi vuelta a la civilización, no sin antes haber tenido la sensación de un día de ¿relax? alejado de la gran ciudad. Finalmente os dejo con dos imágenes bastante curiosas: la primera es de una de las calles en que había todo de bares y en el que uno puede escoger dónde quiere ir según su necesidad. La segunda imagen es la del tráfico de góndolas que a veces se originaba en ciertos momentos estrechos.

Busu 部苏

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Esta entrada fue publicada en Shanghai.

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